Sigo con el cine, aunque en este momento estoy inmerso en la relectura de “2666”, la inmensa novela de Roberto Bolaño que tanto me gustó cuando la leí hace casi quince años. También estoy a la espera del nuevo libro de Alma Guillermoprieto, “Esta improbable tierra prometida”, que tengo muchas ganas de tener entre mis manos. Pero, una vez hecha esta introducción a mis lecturas, vayamos ya con el cine, y particularmente con el cine, “Amarga Navidad” de Pedro Almodóvar, un director tan cuestionado, tan celebrado por algunos y tan despreciado por otros.
De entrada, la película no me gustó del todo, la verdad, pero decidí quedarme en la sesión porque siempre encuentro en las películas de Almodóvar muchos detalles que me agradan: las decoraciones, la excelente fotografía, los colores, con el rojo siempre presente, la puesta en escena y el cuidado en la elección de los encuadres. En fin, la vi y me gustó menos que “La habitación de al lado”, aunque disfruté de ella por esos aspectos ya mencionados.
Soy mediterráneo y tanta perfección me resulta excesiva; la imperfección también tiene su atractivo. Sin embargo, todo está tan bien dispuesto… No hay encuadre que no roce la perfección: la luz, los motivos que decoran las escenas, los reflejos. Las dos escenas de Lanzarote son de gran belleza; tanto la primera, tomada con un dron, mostrando el negro de la arena de la playa contra la blanca espuma de las olas, como la segunda entre los viñedos, donde el contraste entre el colorido de la vestimenta de las dos actrices y el contraluz del atardecer resulta sublime. Como fotógrafo, eso me llega profundamente.
No me atrevo a contar más. Pasé dos horas disfrutando de todo lo que he mencionado, y eché en falta un guión un poco menos enrevesado, en mi opinión.







