… y la inocencia de no haberla visto mucho antes…
Tengo que admitir que, por descuido o por falta de interés, nunca me había propuesto descubrir a fondo una joya del cine. Una más, estrenada en 1993, que está disponible en casi todas las plataformas a las que estoy abonado, siendo Netflix la que elegí para disfrutarla hace un par de noches.
¿Por qué? A pesar de mi amor por el cine, nunca antes me había planteado ver esta película. Sin embargo, ahora que la he visto y me he fijado en todos sus detalles, la contemplo como una de las grandes. El reparto es impresionante, el director es excepcional, la realización es magnífica, así como el vestuario y la ambientación. La fotografía es tan atractiva que, en muchas escenas, mi pasión por ella, tan precisa y preciosa, me absorbe de tal manera que a veces paso por alto algunos diálogos. Pero nunca la voz en off de Nuria Espert, que siempre me ha cautivado. Por cierto, en la versión original, la voz en off es de Joan Woodward, la maravillosa esposa de Paul Newman. Esa pareja de actores tan grande del cine universal.
Como mi intención no es analizar la película —pues hay críticas por doquier de grandes expertos—, dejo esto como una reseña personal de este gran film. Además, he vuelto a verlo gracias a una de mis charlas tan apreciadas con Romualdo Soler, una persona imprescindible en el mundo del cine en Dénia por su admirable labor en el importante Cineclub Pessic. ¡Gracias, Romu!






