Me apasiona el cine, tanto que me esfuerzo por seguir con atención casi todo lo que se publica y que pueda llegar a mis oídos o a mi vista.
Esto me lleva a la conclusión de que a menudo coincido con las listas de las mejores películas o con las opiniones de críticos de revistas especializadas, así como con las del diario El País, que es el que suelo consultar y repasar.
Hoy me siento tan confundido como cuando ayer acabé de ver la película Mulholland Drive, dirigida por David Lynch. Pasé parte de la noche tratando de entender una película, que según The New York Times, está entre las tres mejores de la historia del cine, y debo confesar que mis intentos han sido infructuosos. Cero, no he comprendido nada del guion; lo he intentado consultando en varios foros de internet, y coincido con la mayoría en que es incomprensible. Bueno, hay alguien que dice que la entiende, pero ni siquiera él se lo cree, o es de una capacidad crítica superlativa. No es mi caso.
Recuerdo que me quedé asombrado viendo pasar cosas en la pantalla; las escenas se sucedían unas a otras, pero ninguna tenía relación con la anterior ni con la posterior, y me di cuenta de que no entendía nada en absoluto.
Naomi Watts y Laura Harring ofrecen una actuación magnífica, ambas son muy atractivas, y además, la fotografía, que suelo observar con atención, es también muy buena.
De repente, las dos protagonistas, que realizaban acciones sin sentido en la pantalla, se desnudan y me regalan una de las mejores escenas lésbicas que recuerdo, si no la mejor.
Quien haya entendido algo, que lo comparta y que se ponga a contar qué comprende y qué sucede en la película, a ver si me ayuda en mi confusión. Incluso El País publicó un artículo muy interesante titulado “Once finales de película que no fuiste capaz de entender”, y esta era una de ellas, lo que consuela mi ignorancia interpretativa.
Varias veces estuve tentado de dejar de verla, y debo admitir que la gran actuación de Naomi Watts y la belleza de las dos actrices me retuvieron, y por supuesto, la posibilidad de volver a disfrutar de alguna otra escena sexual tan agradable.






